No tener tiempo para nada, ir en coche a todos lados para llegar antes, no poder comer de forma tranquila… son muchos condicionantes de nuestra rutina diaria que hacen que vayamos ganando kilos poco a poco, una de las consecuencias de la vida sedentaria. Según va pasando el tiempo, resulta más complicado deshacerse de ellos y no basta con seguir una dieta.

Obesidad grave por una vida sedentaria

Cuando nuestro IMC se sitúa entre 35 y 39,9 hemos entrado en lo que se conoce como obesidad grave, una consecuencia muy grave al llevar una vida sedentaria. No se trata de que nos sobran unos kilos, es que esos kilos suponen un serio problema para nuestra salud y eliminarlos es una cuestión clave para evitar el desarrollo de ciertas enfermedades, como los problemas del corazón y algunos tipos de cáncer, que se sabe que están directamente relacionados con la obesidad.

No practicar ejercicio

La vida sedentaria hace complicado seguir de forma correcta un programa de ejercicio físico adecuado. Aunque seguramente ganas no faltan, el día a día va apoderándose y dejando en un segundo lugar las buenas intenciones.

¿Cómo combatir la obesidad cuando se sigue una vida sedentaria?

En primer lugar hay que cambiar el chip y tomar conciencia, desde utilizar menos el coche y caminar más, a consultar con especialistas qué actividades podemos practicar si tenemos un grado de obesidad alto.

Ahora es el momento de ponernos en manos de especialistas en obesidad y nutrición para que nos ayuden con la mejor forma de adelgazar. Antes de barajas medidas más serias, lo primero será comenzar con una dieta personalizada.

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Valorar la reducción de estómago

En el caso que el médico lo considere puede optar por una reducción de estómago sin cirugía con el Método Apollo, es una buena opción cuando queremos perder entre 15 y 35 kilos y no lo hemos conseguido con unos hábitos de vida saludables, es decir con una pauta de alimentación adecuada y ejercicio físico de forma regular.

Eso sí, para acabar con una de las consecuencias de una vida sedentaria, no solo vale una reducción de estómago, además es recomendable comenzar a tener buenos hábitos alimentarios antes de la operación, y que es una clave para la posterior perdida de peso.

Tras pasar una valoración inicial por parte del equipo de especialistas que se va a encargar de nuestro caso, los cirujanos pueden reducir nuestro estómago hasta un 70%, dependiendo de nuestras necesidades y de nuestro estado de salud.

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La intervención de este tipo de reducción de estómago se hace por vía laparoscópica, con anestesia general y a las 24 horas podemos seguir haciendo una vida normal. Eso sí, una vida diferente a la que llevábamos, donde tenemos que aprender a comer de forma sana y saludable y a movernos más.

Con reducir el estómago no basta, tenemos que implementar cambios importantes para mantener los resultados obtenidos con la cirugía. De nada sirve tener un estómago más pequeño si vamos a seguir comiendo mal y sentados todo el día.