Tener problemas en los pies por obesidad es más habitual de lo que creemos.

Sí, esos kilos de más no solo hacen que nos sintamos más cansados o que no podamos movernos con tanta facilidad, también dejan huella en los pies por el peso de más que tienen que soportar. Así, entre los problemas en los pies por obesidad están el dolor en los tobillos, fascitis plantar, dolores en el talón y formación de durezas.

 

El calzado

A todo esto hay que añadir los problemas en los pies por obesidad para encontrar un calzado adecuado que pueda mantener el pie sujeto para soportar el peso del cuerpo, minimizando la aparición de los problemas que hemos comentado.

De hecho, con una obesidad leve no es recomendable subirse a unos tacones, porque la presión que ejercen los kilos de más sobre los tobillos y los pies favorece la aparición de lesiones.

Por eso, las personas que tienen un IMC>34 deben prestar especial atención al cuidado de sus pies y ante la más mínima molestia acudir a un especialista que valore su lesión.

Un correcto calzado también ayuda a minimizar los problemas en los pies por obesidad. El dolor en los talones y en la planta del pie se puede amortiguar con unos zapatos adecuados. Recuerda, que esas molestias en el talón producidas por una mayor presión que ejercen los kilos de más, pueden convertirse en dolor, llegando a dificultar que te muevas y camines

Infografía grados de obesidad

Fascitis plantar

La fascitis plantar es una de las lesiones más frecuentes. Aunque se suele dar en corredores, por la fricción que ejerce el pie al correr, las personas con problemas en los pies por obesidad pueden sufrir esta inflamación de los tejidos que unen el talón a los dedos del pie. El dolor se localiza principalmente en el arco y para aliviarlo puedes hacer estiramientos.

Durezas en los pies

Para evitar la formación de durezas, llevar un buen calzado es clave. Este se debe adaptar al pie y debe tener la forma adecuada para sujetarlo con fijeza, evitando que se deslice.

Recuerda que las durezas aparecen porque la piel de la zona donde salen, en este caso los talones, está sometida a una presión y a un roce constante. Es más, está considerado casi un mecanismo de defensa para amortiguar ese roce, que en el caso de las personas obesas es aún mayor, por la presión añadida de tener unos kilos de más.

A eso hay que añadir la falta de hidratación, que también favorece la aparición de durezas en los talones. Eso es lo que pasa en verano, cuando se utilizan sandalias. Los talones quedan al descubierto y los pies se deshidratan más que en el invierno con zapato cerrado.

Por eso, el sedentarismo es uno de los grandes problemas que aparece con el dolor de pies causado por la obesidad. Si con kilos de más te cuesta moverte, más te costará si encima te duelen los pies.