Todos sabemos las consecuencias de la obesidad para la salud de nuestro organismo. Esta patología está relacionada con el desarrollo de muchas otras enfermedades, como la diabetes, que a su vez puede desencadenar una nefropatía diabética, también conocida como enfermedad renal diabética, de la que probablemente hayas oído hablar si sufres ya obesidad y diabetes.

¿Qué es la nefropatía diabética?

La nefropatía diabética se produce cuando los vasos sanguíneos de los riñones, que son los encargados de filtrar los desechos de la sangre, están dañados a causa de la diabetes que sufres. La nefropatía diabética puede complicarse de manera importante y progresiva durante meses y años, causando alteraciones graves en el funcionamiento de los riñones, como función renal disminuida, insuficiencia renal, enfermedad cardiovascular e insuficiencia renal crónica, entre otras.

Nefropatía diabética y obesidad… mala combinación

La suma de la nefropatía diabética a tu obesidad dispara peligrosamente los riesgos para tu salud, incrementando sobretodo el riesgo de presentar alguna enfermedad cardiovascular, como un infarto cerebral o de corazón. Por ello, si tienes obesidad es fundamental prevenir el desarrollo de diabetes mediante el control del peso y la reducción de la grasa localizada en la zona abdominal.

Cambiar tus hábitos alimentarios siguiendo una dieta saludable y equilibrada, así como practicar ejercicio para adelgazar dentro de tus posibilidades, son dos medidas clave para mantener alejada la diabetes y otras enfermedades o complicaciones asociadas, como la nefropatía diabética.

¿Tiene síntomas?

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que la nefropatía diabética es completamente asintomática en las etapas iniciales y no suele diagnosticarse hasta que se encuentra ya avanzada y ha provocado daños graves. Por ello, es muy importante que estés atento a cualquier señal de alarma que permita una detección precoz y evite un daño renal importante e incluso irreversible.

  • Hinchazón de los pies, los tobillos, las manos o los ojos.
  • Aumento o disminución en la micción.
  • Pérdida de apetito.
  • Picor persistente.
  • Fatiga y debilidad.
  • Confusión y dificultad para pensar.

Si notas algunos de estos síntomas debes acudir a la consulta de tu médico, pero también debes hacerlo si tienes alguno de estos factores de riesgo:

  • Antecedentes familiares de diabetes y/o enfermedad renal.
  • Tener diabetes tipo 1 o tipo 2.
  • Hipertensión arterial.
  • Colesterol alto.

Pruebas para diagnosticarla

Tu médico realizará un análisis de orina para verificar si hay niveles elevados de proteínas, que son indicadoras de alteraciones renales, y un análisis de sangre para examinar si tus riñones sufren algún daño o hay nefropatía.

Si el diagnóstico de nefropatía diabética se confirma, seguramente el médico te indique un tratamiento farmacológico antihipertensivo y te dará recomendaciones para que controles los niveles de lípidos, pierdas peso y aumentes tu nivel de actividad física.

Solo en el caso de que la enfermedad se encuentre muy avanzada te indicará la diálisis, un procedimiento que permite eliminar los productos de desecho y los líquidos de la sangre que los riñones no son capaces de eliminar, Además de poder necesitar un transplante renal.

¿Cómo puede prevenirse la nefropatía diabética?

La mejor manera de prevenir la nefropatía diabética es diagnosticar lo antes posible la diabetes. Cuando la diabetes pasa desapercibida o no se controla bien durante años, acaba dañando los riñones y la nefropatía diabética es una consecuencia de ese daño.

Si ya has sido diagnosticado de diabetes, la manera de evitar el riesgo de nefropatía diabética es controlando estrechamente tu diabetes: vigilar tu nivel de azúcar en sangre, tomar tu medicación oral  y/o insulina. Realizar análisis de orina y sangre con regularidad. También es importante que controles tu presión arterial de manera periódica.

Sigue las recomendaciones de tu médico y acude a él ante cualquier cambio o síntoma que notes. Lleva un estilo de vida saludable y recuerda que el tratamiento puede retrasar y evitar que la nefropatía diabética avance y acabe produciendo un daño renal irreversible.