Algo tan sencillo como comer despacio también puede ayudarnos a darle un empujón a la dieta y promover una pérdida de peso aún mayor.

Como sabemos, una manera eficaz de perder peso es a través de un plan nutricional realizado bajo control médico, como por ejemplo una dieta personalizada basada en nuestras necesidades específicas, o una dieta proteinada, rica en proteínas y baja en hidratos de carbono y grasas.

Beneficios de comer despacio

Así lo indican numerosos estudios, según los cuales las personas que comen despacio consiguen mantener durante más tiempo la sensación de saciedad, consumen menos calorías en cada comida y tienen un peso más estable que las que comen más rápido.

Algunas investigaciones han llegado a demostrar que las personas que comen muy rápido tienen hasta un 115% más de probabilidades de desarrollar sobrepeso y obesidad.

Esto se debe en gran medida al control que las hormonas ejercen sobre el apetito y la sensación de saciedad.

El apetito está controlado por diversas hormonas que le indican a nuestro cerebro cuándo tenemos hambre y cuándo hemos alcanzado el punto de saciedad.

Sin  embargo, desde que comemos hasta que el cerebro recibe ese aviso de que nos hemos saciado pasan unos 20 minutos aproximadamente. Es decir que el efecto no es inmediato.

Pero comer despacio no solo puede ayudarnos a conseguir una mayor pérdida de peso si estamos haciendo una dieta. Además nos ofrece otros beneficios:

  • Permite disfrutar de la comida
  • Mantiene a raya el estrés y la ansiedad
  • Favorece el tránsito intestinal
  • Mejora la absorción de nutrientes.

Desventajas de comer rápido

Si comemos rápido tomaremos muchos más alimentos durante ese periodo con el fin de sentirnos saciados cuanto antes.  Pero no por ello nuestro cerebro recibirá antes la señal de saciedad.

Si se consigue comer despacio alcanzaremos la sensación de saciedad en el mismo periodo pero habiendo consumido muchas menos calorías.

A esto debemos sumar que masticar muy despacio puede ayudarnos a quemar hasta 10 calorías más por cada 300 calorías ingeridas, además de que aumenta el riego sanguíneo en el estómago y el intestino.

Además, comer despacio se ha asociado a un aumento de las hormonas que intervienen en la regulación del hambre y que nos hacen sentir saciados, entre las que se encuentran la GLP-1 y el neuropéptido Y.