¿Qué es el cruce duodenal?

El cruce duodenal, técnica que también se conoce con el nombre de derivación biliopancreática, combina dos procedimientos: uno que recude el tamaño del estómago y otro que reduce la longitud del intestino, con lo cual se asimilan menos alimentos.

Se trata de una opción quirúrgica indicada para personas con obesidad mórbida, es decir, para las que han superado un índice de masa corporal (IMC) de 40. En estas circunstancias perder peso es prioritario por el riesgo tan importante que la obesidad supone para la salud.

operación abdominoplastia

Proceso del cruce duodenal

En la primera parte de la intervención lo que se hace es quitar una gran parte del estómago y se deja algo parecido a un tubo, y en la segunda se divide el intestino delgado y se hace una especie de puente para acortar el tramo de intestino. De esta manera se reduce el proceso de la digestión y al ser más corto la persona se llena antes y absorbe menos nutrientes, y las grasas se absorben mucho menos que el resto de componentes de los alimentos.

Cuidados después de la reducción de estómago con cruce duodenal

  • Una vez que se ha superado la cirugía de cruce duodenal hay que tener una serie de precauciones con respecto a la comida. La primera es que al principio solo se podrán comer pequeñas cantidades de alimentos y  trituradas. Poco a poco, se podrá empezar con una dieta blanda, introduciendo alimentos suaves y ligeros.
  • Hay que tener en cuenta que se debe beber líquido de forma regular, pero también en pequeñas cantidades, puesto que el estómago y el intestino son ahora más pequeños. No se recomienda beber ni antes ni después de las comidas. Además, como con la reducción del intestino se dejan de retener algunos nutrientes, en la dieta habrá que incorporar los elementos que indique el nutricionista para reponer los elementos necesarios en la medida adecuada. Lo mejor, en todo caso, es seguir las recomendaciones del equipo de la unidad de obesidad.

Información sobre reducción de estómago

  • A la hora de comer hay que masticar mucho los alimentos, comer despacio y sin prisa. Cuando se empiece a notar la sensación de saciedad, que será más rápido que antes, hay que dejar de comer porque pueden surgir molestias, náuseas y ganas de vomitar.
  • Pero no hay que preocuparse al respecto, ya que durante todo el proceso se está acompañado por el equipo de especialistas, donde el médico, el nutricionista y el psicólogo proporcionan las pautas necesarias para ir consiguiendo los objetivos marcados.