Entre los muchos problemas que conlleva, la apnea del sueño por la obesidad tiene unos efectos devastadores en nuestro organismo, que no solo acortan nuestra esperanza de vida, sino que además empeoran la calidad con la que la vivimos.

La obesidad pueden causarnos importante problemas psicosociales y minar nuestra autoestima. Por lo tanto, tener sobrepeso nos envejece por dentro y por fuera, pone límites a nuestras actividades y hace que no estemos a gusto con nosotros mismos.

La apnea del sueño

Una de las enfermedades que podemos desarrollar y deteriora enormemente nuestra calidad de vida es la apnea del sueño.

Todos sabemos cuáles son las consecuencias de dormir poco y mal, pero a veces no somos conscientes de lo perjudicial que puede ser.

Los estudios revelan que padecer apnea del sueño por la obesidad, es muy común, al igual que la hipertensión, el colesterol, los triglicéridos, etc. Aunque la apena del sueño es un trastorno que puede sufrir cualquier persona, son especialmente propensas las que tienen sobrepeso y obesidad.

La apnea del sueño consiste en una pausa en nuestra respiración mientras dormimos.

Puede ocurrir varias veces durante la noche y apenas unos segundos, pero cuando dura más de 20 segundos puede resultar peligrosa porque durante ese periodo no estamos respirando. Generalmente, no somos conscientes de que tenemos este problema porque suele durar tan poco que a la mañana siguiente no lo recordamos.

Sin embargo, nos levantamos agotados y con dolor de cabeza debido a que el sueño se ha interrumpido varias veces (fragmentación del sueño).

La obesidad nos envejece

La obesidad también nos envejece y ralentiza. Todos los movimientos de una persona obesa se ven entorpecidos, cualquier gesto cuesta mucho más por el peso que los músculos y articulaciones tienen que soportar. Algo tan sencillo como bajar o subir escaleras para una persona obesa puede ser un infierno, además del cansancio que esto supone porque no puede respirar correctamente.

Según varias investigaciones, las personas con obesidad envejecen menos porque viven menos.

No vamos a pararnos en esta frase tan dura, pero lo cierto es que la obesidad produce un envejecimiento precoz en nuestro organismo al provocar estrés oxidativo y alteraciones en el sistema inmunológico que hace que nuestras defensas envejezcan prematuramente.

La grasa que rodea nuestros órganos internos (grasa visceral) hace que aumente la producción de cortisol (hormona del estrés), al tiempo que disminuyen los niveles de endorfinas (hormona de la felicidad), que son las que reducen principalmente el estrés y el dolor.

Signos externos

Los signos externos del envejecimiento los notamos todos: seamos obesos o no, nos salen arrugas más marcadas, nuestra piel pierde elasticidad y tersura, no aguantamos tanto el ejercicio físico y nuestros músculos se debilitan.

Al envejecer, aparecen síntomas como, el aumento de la tensión arterial, la insuficiencia cardíaca, las alteraciones de la memoria, y huesos y articulaciones que se resienten (dolores, rigidez, inflamación). En las personas con obesidad todos estos síntomas se multiplican, por tanto, no esperes a llegar a ese punto y busca la ayuda de un especialista para mejorar tu salud y calidad de vida.

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