La anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria causado por el miedo patológico a engordar, por lo que las personas que la sufren reducen al mínimo la ingesta de alimentos para perder peso, poniendo en peligro su vida.

Aunque se encuentren en una situación de delgadez extrema, tienen una visión distorsionada de su propio cuerpo y siempre se ven gordas o gordos.

Se estima que el 95% de los casos se da en mujeres de entre 12 y 25 años, edades en las que se es mucho más vulnerable a los estereotipos sociales que relacionan la delgadez con la belleza y el éxito.

Sin embargo, cada vez es más frecuente encontrar adultos mayores de 40 años con esta enfermedad, debido, principalmente, a la creciente presión para cumplir con los cánones estéticos que establece la sociedad.

Tratamiento de la anorexia nerviosa

El tratamiento de la anorexia nerviosa supone un gran reto no solo para las pacientes y sus familiares, sino también para los equipos médicos, ya que puede prolongarse durante varios años y el riesgo de recaídas es elevado.

Algunos estudios indican que solo el 50% de las afectados consiguen una recuperación completa, mientras que en el resto se dan recuperaciones y recaídas periódicas, o una cronificación de la enfermedad.

Abordar la anorexia nerviosa

El abordaje de la anorexia nerviosa debe ser integral y realizado por un equipo multidisciplinar que incluya médicos, nutricionistas y psicólogos.

Estos profesionales deberán no solo promover conductas de alimentación adecuadas sino que también tratarán otros trastornos que pueden acompañar a la enfermedad, como la ansiedad, la depresión, los problemas de autoestima o del entorno social y familiar.

El tratamiento puede incluir el uso de fármacos para tratar patologías asociadas y la hospitalización.

Recaídas en la anorexia nerviosa

Debido a la complejidad de la anorexia nerviosa, prevenir las recaídas es uno de los principales desafíos.

Para ello, es fundamental que el seguimiento terapéutico sea lo más estrecho posible y contar con la colaboración de la familia para detectar cualquier signo que pueda indicar una reaparición del trastorno.

Signos de alarma

Además de la negación a comer o la pérdida de peso, los signos de alarma puede incluir la anorexia nerviosa son:

  • Tristeza.
  • Apatía o ansiedad.
  • Agresividad.
  • Aislamiento.
  • Aumento exagerado del ejercicio físico.

Pero el control no solo debe centrarse en la observación del comportamiento alimenticio y psicológico.

Otro frente a controlar para evitar las recaídas es el de internet y las redes sociales, ya que en los últimos años han proliferado las páginas web, canales de Youtube y chats proanorexia donde las adolescentes enfermas encuentran apoyo para seguir con su trastorno de la alimentación. En este sentido la implicación y la vigilancia por parte del entorno familiar son clave.

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